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Neomexicanismo: Mejor de lo que pensamos

Neomexicanismo: Mejor de lo que pensamos

Para aquellos que opinan que se quedaron en el muralismo como el “verdadero arte mexicano”, les traemos hoy un periodo no tan afamado en la historia del arte mexicano, que representa a bien por un lado, la búsqueda de la recuperación de la pintura figurativa, porque ya estaban hartos del arte abstracto (casi como ahora) y la recuperación de un pasado, que si no necesariamente glorioso, sí en búsqueda de una nueva identidad que permitiera identificar algo como “lo mexicano”. Hablamos del neomexicanismo.

Neomexicanismo ¿qué es eso?

Si bien el término no fue dado por ellos mismos, y nunca quisieron considerarse como un grupo, los neomexicanistas, denominados así por la crítica de arte Teresa del Conde en 1987 en un artículo publicado en el Unomásuno, presentaron en los 80’s una serie de propuestas que combinando la cultura urbana con la rural, rescatando, reinterpretando, y por qué no, hasta pervirtiendo un poco, los símbolos religiosos, populares y costumbristas. Imágenes que provenían de los clichés de siempre, de la época. Imágenes que faltaban al respeto, porque cuestionaban, esa concepción de una historia nacional unitaria que el proyecto nacionalista parecía crear.

El poder, la alta cultura, y hasta el sistema político mexicano se vieron cuestionados por estos nuevos creadores, quienes buscaban generar un diálogo abierto entre el arte universal y las raíces propias. Artistas como Adolfo Patiño, Rocío Maldonado, Julio Galán, Enrique Guzmán, Marisa Lara o Nahum B. Zenil, entre otros, reflejaron el sentir y pensar de su época, una sociedad golpeada por el fallido final del “milagro mexicano”, la incursión de una política neoliberal en nuestro país y hasta el temblor del 85. Siguiendo la búsqueda de lo mexicano, escisión histórica donde no todo es Muralismo, se aventuraron a introducirse en aquello que es tan nuevo mexicano, lo kitsch. Mezcla de lo raro, lo tradicional, lo irreverente y hasta lo queer, sus propuestas se desprendieron en una multiplicidad de formas y sentidos, que el mercado y la crítica de su tiempo recibió a bien. Si bien en ocasiones sus soluciones plásticas no coinciden, y mucho se habla de diferentes movimientos “neo” o “tras”, lo cierto es que existe una constante, una reafirmación del “ser” en esta sociedad. 

Lo kitsch

Palabra y concepto que por demás me encanta, lo kitsch es el arte, la estética “del mal gusto”. Palabra alemana que se opone a lo minimalista, en ocasiones se considera como aquel que funciona como negación del arte mismo, con simples cuestiones efectistas y mercantiles. En México, el kitsch es una esencia, un aura que nos rodea desde ferias y mercados, conjunción de elementos de extraño sentido, en bodas, bautizos y XV años. Elemento que nos caracteriza al ser la mezcla del pasado y el presente, lo indígena, lo español y lo negro, en un hábitat donde el caos reina lo mundano.

Lo queer

Uno de los últimos puntos que quisiera tocar, es la inclusión de elementos que alta autoreferencialidad en la obra neomexicanista. Hasta antes del neomexicanismo, la estrategia era solemne y respetable, como todo retrato. Aquí, artistas como Julio Galán y Nahum B. Zenil se exponen, se muestran, ante la idea de un nuevo reconocimiento. Lo queer, postura y estética de los 70s ante los estudios de género, otros, diferentes, que también son mexicanos. La búsqueda de una nueva pluralidad. 

 

 

 

 

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Carlos Torres Persona

Comunicólogo de profesión, artista y crítico por vocación. De perfil variado, intereses múltiples. Lo que no sé lo pregunto. El conocimiento que no se comparte, no sirve ...

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